Cuando un ser querido ha sufrido un problema de salud grave o está lidiando con una enfermedad complicada, puede resultar difícil saber qué decir o hacer. Lo más probable es que la persona esté experimentando algunas emociones dolorosas y esto puede hacer que nos sintamos inseguras sobre cuál es la mejor manera de ofrecerle nuestro apoyo. En estos casos hay una serie de recomendaciones que, según los expertos, facilitan las cosas en el día a día. Y es que la actitud de las personas del entorno de una persona enferma puede ayudar a lograr una cierta sensación de bienestar y equilibrio.
Qué podemos hacer
-Ofrecer nuestro apoyo: Es posible que cuando un amigo o ser querido está enfermo se muestre reacio a pedir ayuda, pero debemos tener presente que nuestro apoyo puede marcar la diferencia en su estado de ánimo, sabiendo lo importante que es mantener un estado de ánimo óptimo tanto de los allegados como el del propio paciente.
Ofrecernos para hacer una tarea específica o simplemente sentarnos a su lado en silencio durante o después de un tratamiento puede cambiar las cosas ya que, a veces, lo más importante que podemos hacer por alguien es estar ahí.
-Escuchar: Cuando hablamos con alguien que padece una enfermedad grave, es natural sentirnos incómodos o no saber qué decir. Pero muchas veces lo más importante es simplemente escuchar y permitir que la persona exprese por lo que está pasando sin juzgarla, sin decirle cómo debe sentirse o tratando de dar un giro positivo a todo.
Si te cuesta saber qué decir, recuerda que un cálido abrazo o una tierna caricia pueden decir mucho. Por supuesto, tomarnos las cosas como algo personal si la persona no quiere hablar o está enojada o molesta no será una opción.
-Informarnos sobre la enfermedad: Cuanto más sepamos sobre el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad que padece la persona, más preparados estaremos para ayudarla. Pero esto no significa que debamos decirle lo que debe o no debe hacer, a menos que nos pida nuestra opinión o quiera saber lo que hemos estudiado. En última instancia, las decisiones sobre el tratamiento a seguir son suyas, así que deberemos apoyarla incluso si no siempre estamos de acuerdo.
-Mantener el contacto en el tiempo: Algunas enfermedades pueden implicar un tratamiento prolongado, por lo que es importante brindar nuestro apoyo en el momento del diagnóstico, pero también después del tratamiento haciéndole saber a la persona que estamos disponibles para ella, aunque pasen los días y las cosas no vayan a mejor.
Cuando no podamos visitarla en persona, le haremos saber que estamos pensando en ella con una llamada o un mensaje de texto intentando mantener la relación lo más normal posible compartiendo unas risas cuando sea apropiado. De este modo mantendremos nuestra relación al margen de la evolución de la enfermedad. Todo este proceso nos puede ser de gran ayuda para aumentar nuestro conocimiento acerca de la vida y de nosotros mismos. -Pedir ayuda cuando sea necesario: Si convivimos con la persona enferma, podría ser que lleguemos a sentir que deberíamos asumir gran parte de la responsabilidad de sus cuidados. Esto se traduce directamente en un cambio en nuestro estilo de vida teniendo que estar pendiente de muchas cosas: la medicación, el aseo, la alimentación y las propias demandas de la persona enferma.
En este caso, puede ser que necesitemos ayuda de otros miembros de la familia o amigos para que la situación no nos supere. Hacer una lista de lo que necesitamos es una buena opción para saber cuándo pueden ayudarnos los demás. Y es que el cuidador también debe cuidar de sí mismo.


