
Sus inicios profesionales fueron como miembro del cuerpo de baile del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, y en el año 1971, con tan solo 19 años, fundó su propia escuela de danza y comedia musical: la escuela Coco Comín. El centro (la única escuela privada de musical autorizada de Cataluña) se ha consolidado como un referente para la formación de nuevos artistas de comedia musical, y recibe más de 1.200 alumnos cada curso. Actualmente, Coco Comín compagina la docencia con la dirección y coreografía de teatro musical.
-Tu proyecto más reciente es Fama, el musical. Triunfó el año pasado en Barcelona y volvió a hacerlo a principios de este en Madrid. ¿Qué ha significado para ti la buena acogida del musical entre el público?
He acometido ya varias veces el montaje de Fama, el musical, pieza que se ha consolidado como un clásico. En la última temporada teatral 2021-22, Fama ha conseguido de nuevo obrar el milagro y ha vuelto a despertar la nostalgia entre el público. Ha sido emocionante que la generación que vivió el nacimiento de la historia de aquellos estudiantes de danza, música y teatro ahora haya querido que sus nietos conocieran la serie o la película que les hizo vibrar. Al teatro han acudido tres generaciones de la misma familia. “La fama cuesta y aquí vais a empezar a pagarla” es la sentencia más memorable que jamás se haya pronunciado en un escenario y el público reacciona coreándola. Fama renueva a cada nueva reposición la capacidad de hacer las delicias de los adolescentes y es una fábrica de vocaciones. Como dice la canción, Fama “vivirá para siempre”. Y así lo he sentido.
-Tienes una trayectoria muy grande y ejemplar en el mundo de la danza y empezaste formando parte del cuerpo de baile del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. ¿De dónde nace tu pasión por el arte y la danza?
Cada uno de nosotros nacemos con unas señas de identidad que nos llevan a realizar nuestra vocación irremediablemente. El talento y la vocación es innata en el artista, más que en ninguna otra profesión. Desde edad muy temprana se acentúa este impulso artístico y habitualmente los padres ya detectan el incipiente talento de sus hijos. Si el entorno y sus circunstancias personales le son favorables, desarrollará su instinto creador. A partir de entonces, el oficio y la técnica se convertirán en su pasión. Lo demás no importará. El triunfo estará asegurado si el aspirante a artista tiene buenas dosis de perseverancia, además de talento. En mi caso ha sido la tenacidad y valentía.
-Profesora, coreógrafa y directora de teatro musical. ¿Qué faceta has disfrutado más?
Son indisolubles unas de las otras. La docencia me apasiona; guiar a los alumnos a conseguir sus objetivos es altamente gratificante. La creación de coreografías es un acto sublime; es convertirse en escultor. Durante este proceso creativo el concepto de tiempo desaparece y flota en el aula de ensayos una corriente especial de solidaridad que une a todos los participantes. La dirección de teatro musical significa la consagración de los dos anteriores. Por fin, el trabajo es entregado al público para su valoración y es un acto de amor hacia la audiencia. No hay un lugar mejor en el mundo que un teatro y, al finalizar, cuando el público ha abandonado la sala y los aplausos todavía retumban en el patio de butacas, siento una sensación absoluta de plenitud.
-También has pasado por el mundo del cine, la publicidad y la televisión. ¿Cómo se logra compatibilizar la faceta artística con la gestión empresarial?
Dos conceptos clave: organización y rodearse de un buen equipo. La escuela que dirijo se ha convertido en un complicado engranaje de formación en Artes Escénicas frecuentado por un gran número de estudiantes de diversas procedencias y con una programación de 140 cursos diferentes durante la semana. He creado un excelente cuadro de profesores y un equipo de gerencia y administración que funciona como un mecanismo de relojería y que gestiona la parte empresarial. Todo ello, unido a que poseo una naturaleza resistente y una mente fuerte, me permite afrontar tanto muchas horas de trabajo físico como todos aquellos retos que crean tensión constante del espíritu.
-¿Cuáles han sido los mejores momentos de tu carrera?
Recuerdo con especial agrado dos encuentros que fueron decisivos. Después del estreno de Fama, el llamado ‘Father Fame’, David de Silva, creador de la serie, de la película y del musical e invitado a la première, se acercó a mí, tomó mi cara entre sus manos y me dijo: “Escúchame bien. Lo que has hecho es extraordinario”. Eso mismo ocurrió tras el estreno de Grease, el musical con el equipo americano. “The best Grease in the world right now” (El mejor Grease del mundo actualmente), aseguraron. “Nos apropiaremos de tus ideas”, añadieron. En aquel momento mis miedos se esfumaron y tomé conciencia de que mi forma de trabajar estaba a la altura y gozaba del reconocimiento de las autoridades teatrales de Nueva York, un empuje de ánimo y un sueño impensable para aquella adolescente barcelonesa, que había vivido en plena autarquía, sin posibilidades de recibir formación en el extranjero y una única cadena de televisión como ventana al mundo. Éramos artistas que nos hacíamos a nosotros mismos y resultaba inimaginable que algún día pudiera relacionarme con las más altas esferas de Broadway. La vida premia sin duda cuando la humildad y el trabajo es tu ley.
-¿Te queda alguna asignatura pendiente?
¡Sí, muchísimas! La mayoría inalcanzables. Mi deseo más intenso es gestionar, mimar y cuidar un teatro. Sueño con una sala pequeña, de estilo italiano, con el sabor añejo de los teatros ingleses donde asistir al teatro es un acto delicioso, de terciopelo rojo (condición indispensable) y con un salón donde reunirse y tomar una copa antes de la función.
-¿Cómo definirías la situación actual de la danza?
La danza como tal sigue siendo un espectáculo de minorías. Aunque cuenta con su público fiel, no es suficiente para que los montajes puedan sobrevivir mucho tiempo, excepto en compañías muy consolidadas con apoyo estatal de su país. Ese sería el caso del Ballet la Ópera de París, el Bolshoi, el American Ballet, el Royal Ballet, el Nacional de Cuba… Son casos contados. En nuestro país la Compañía Nacional de España goza de gran prestigio, pero los tiempos son duros para las compañías pequeñas. Gracias al teatro musical, la danza ha dado un gran paso adelante y ha ofrecido a los bailarines trabajo continuado y largas temporadas en cartelera. Eso sí, se requiere no solo bailar, sino también dominar todos los estilos de danza, además de cantar y actuar. Son las exigencias del siglo XXI.
-Fundaste la escuela Coco Comín con 19 años, ¿qué consejo darías a aquellas personas que quieren dedicarse de manera profesional a la danza?
Mis consejos: si sabes lo que quieres, no dejes nunca de perseguirlo. No obstante, antes debes estar seguro de conocer tus cualidades naturales y no enterrarlas en una profesión equivocada. Debes tener claro que la danza te dará felicidad, pero seguramente no te permitirá pagar las facturas. En el proceso de aprendizaje, aléjate de todas las personas que pretenden bajar tu autoestima y rodéate de profesionales válidos. Acaba con los malos hábitos. No le des oportunidad al miedo.
-¿Cuáles son tus planes de futuro?
Desde hace ya cuatro años estoy trabajando en un espectacular montaje basado en la vida de Lola Flores, por encargo de la familia. He asumido la creación del guion, junto con el productor y bajista de Rosario Flores, Fernando Illán. Nos encontramos en fase de preproducción. Difícil tarea la de formar compañía y dirigir este musical dedicado a la gran artista española, por lo que debo rodearme de colaboradores del mundo del flamenco y su sabiduría musical. El estreno se prevé a finales de 2023 y cuenta con el apoyo de la junta del gobierno local de una conocida ciudad andaluza.
-¿Puedes compartir algunas de tus rutinas para estar tan en forma?
Nada especial. La danza me mantiene. Sigo impartiendo mis clases a alumnos de posgrado, que tienen un nivel de exigencia alto. Nunca he fumado. Respecto a la alimentación, como lo que me place, pero tengo mucho cuidado en no olvidar combinar “todos los colores”, como aconsejan los nutricionistas. El batido de Cacaolat sigue siendo mi mejor aliado y puedo beber un par de litros cada día durante el trabajo. En casa nunca me siento, siempre estoy trajinando. Hago todo lo posible por dormir ocho horas, lo que me obliga a renunciar a salidas nocturnas y construir así el día siguiente. Todo ello mantiene al médico alejado y a mi mente y cuerpo vitales.


