Se calcula que en España te puedes quemar al cabo de una hora de tomar el sol, y las personas de piel clara con 15 minutos puede ser suficiente. Por ello, si queremos alargar el tiempo que tomamos el sol o si nos toca durante las horas de más radiación, necesitamos usar un protector solar.
El ingrediente principal de las cremas protectoras son los filtros, que dificultan que la radiación UV penetre en la piel (tanto los rayos UVB como los rayos UVA).
Los hay de dos grandes tipos: los filtros químicos son compuestos orgánicos que absorben la radiación UV. Al tratarse de sustancias sintéticas y artificiales, pueden causar alergias al ser absorbidos por el cuerpo en pieles sensibles.
En cambio, los filtros físicos son una materia particulada mineral que refleja o dispersa las radiaciones(es decir, son como espejos que hacen de barrera a todos los rayos solares (UVB, UVA e infrarrojos). Son químicamente inertes y por lo tanto son del todo inocuos. Actúan inmediatamente después de aplicarlos en la piel. Son las cremas solares que más cuestan de extender que los químicos, aunque las nuevas formulaciones siguen mejorando las texturas. Además de no causar alergias, son adecuados para aquellas personas con piel sensible o tendencia a la dermatitis y para los niños.
Una crema protectora puede llevar más de un filtro, y de varios tipos. Además de otros ingredientes que cumplen funciones diversas como hidratar, dar color o efectos antioxidantes. La mayoría de las cremas solares llevan ingredientes con vitaminas A, C y E, que ayudan a contrarrestar los efectos perjudiciales de los radicales libres. Estas vitaminas ya están presentes en la piel de forma natural, pero si recibimos muchos rayos UV se agotan y es bueno reponerlos.
Qué factor debo utilizar
El factor de protector solar indica el tiempo medio en que la piel puede estar expuesta al sol sin quemarse. Así, por ejemplo, utilizar un FPS 30 multiplica por 30 el tiempo en que una persona puede estar expuesta al sol sin sufrir una quemadura solar. Aunque también entran en juego otros aspectos como la tonalidad de piel y la predisposición a quemarse.
Sobre ello también hay que tener en cuenta que hay factores que pueden disminuir el grado de protección solar, como es el contacto con el agua, el sudor o el efecto de fricción con la ropa. Por lo que los especialistas recomiendan aplicarse crema solar al menos cada dos horas.
Como norma genérica, los expertos recomiendan utilizar un factor de protector solar mínimo de 30. Y, en aquellas pieles más blancas, siempre elegir un factor de protección de 50. En la etiqueta del producto también debemos verificar que nos protege tanto contra los rayos UVB como en los UVA, y que sea resistente al agua.
Tan importante es emplear el factor de protector solar adecuado como aplicar el producto correctamente. Los dermatólogos aconsejan aplicar unos 2 mililitros de protector por cada 2 centímetros cuadrados de piel, lo cual equivale a una mano llena de crema. Y advierten que lo más indicado es hacerlo 30 minutos antes de la exposición al sol, para preparar la piel y maximizar el grado de protección.
La importancia de la autoexploración
La dosis de radiación que recibimos en un momento determinado depende de múltiples factores como la latitud, la altura sobre el nivel del mar del sol, la época del año, la presencia de nubes, o las partículas de suspensión y espesor de la capa de ozono. Pero, el riesgo de la exposición solar siempre nos afecta y puede desembocar en quemaduras, fotosensibilidad y dermatitis, además del fotoenvejecimiento cutáneo, el cáncer y la alteración del sistema inmune a largo plazo.
El objetivo de la autoexploración de la piel es que conozcas sus características, y ante cualquier cambio, acudas al médico para que realice el diagnóstico y tratamiento adecuados. Los cambios pueden ser tanto la aparición de una nueva lesión (lunar, mancha, costra…) como variaciones de una ya existente en la forma, tamaño, o color.


