Un mes más, seguimos con una historia más que, como muchas más, merecen la pena ser contadas en nuestro apartado Sénior del Mes en CLUB65, el espacio donde damos voz a quienes son nuestro verdadero corazón.
Y hoy le toca el turno a Montserrat Roig Torrents, una mujer luchadora donde las haya que ha dedicado gran parte de su vida a educar, acompañar y cuidar. Tomen asiento y limpien sus pantallas para conocer a Montse en… ¡DENTRO ENTREVISTA!
Un antes y un después
Maestra de formación, Montserrat siempre defendió una manera más humana de enseñar, más centrada en las personas que en las notas. A lo largo de los años ha trabajado en el ámbito del tiempo libre educativo, ha sido familia de acogida y hoy sigue estudiando en la UOC, fiel a una forma de vivir inquieta, comprometida y profundamente generosa.
Pero si hay un momento que transformó su vida por completo fue la muerte de su hijo Adrià, a los 26 años. Desde ese inmenso dolor, Montserrat ha aprendido a reconstruirse sin dejar de amar, convirtiendo la pérdida en una nueva forma de dar sentido a la vida.
Montserrat, tras la pérdida de tu hijo Adrià viviste uno de los momentos más difíciles de tu vida. ¿Qué te ayudó a volver a levantarte y dar el paso hacia una nueva etapa, incluso empezando de cero en Barcelona?

Adrià y yo empezamos un acogimiento familiar en julio de 2012 y una de las cosas que más le preocupaba era el futuro de sus hermanas no biológicas. Era una inquietud que comentó con su mejor amiga vasca antes de morir y después ella me lo pasó por escrito.
Julio de 2021. Tres meses antes de morir:
Adrià – “¿Has hablado con mi madre? Ahora pienso mucho en mis hermanas y quiero ayudarlas en la vida todo lo que pueda. Igual puedes aconsejarme en qué hacer jaja.”
Amiga Adrià – “Hablé con ella la semana pasada, estuvimos hablando bastante. ¿En qué quieres ayudarlas?”
Adrià – “Bueno, que van creciendo y ayudarlas a que les crezca la autoestima y confíen en ellas mismas. Que se vean capaces de hacer lo que quieran y comerse el mundo (quizás es demasiado, pero sobre todo evitar todo lo contrario).”
Necesitaba un cambio de aires, no podía continuar viviendo en el pueblo. Mi hija pequeña quería venir a estudiar a Barcelona y fue el momento de dar el paso. Compré el piso pensando en Adrià y en mi hija pequeña, que un año después vendría a vivir a Barcelona.
El piso que he comprado es la herencia de Adrià y, cuando yo falte, la propiedad pasará a ser de la Fundación Vall d’Hebron para la investigación y el estudio de todo tipo de enfermedades. A él no lo pudieron salvar, pero estoy convencida de que la investigación contribuye a que los avances médicos sean cada vez más importantes.
Transformar el dolor en propósito

Has convertido tu casa en un espacio abierto para jóvenes de todo el mundo, en parte como homenaje a un proyecto que tu hijo quería hacer. ¿Qué significa para ti este proyecto y qué te aporta en tu día a día?
Continuar con el proyecto de Adrià es lo que me ayuda a vivir cada día como a él le gustaría que lo hiciera. Desde hace muchos años, en El Vendrell, mis hijos y yo hemos acogido a jóvenes mediante plataformas de intercambio, por tanto es una manera de tenerlo siempre en el recuerdo y poder hacer por él el proyecto que no pudo llevar a cabo en Cork.
Acoger a estudiantes universitarios jóvenes de todo el mundo es un enriquecimiento cultural mutuo y ambas partes salimos ganando.
Cuidar para sanar
También has acompañado a bebés recién nacidos tutelados en hospitales, como agradecimiento a los profesionales que cuidaron de tu hijo. ¿Qué te dio esa experiencia y cómo te ayudó en tu proceso personal?
Desde que Adrià se fue, y con la experiencia previa del acogimiento familiar, me interesé por los acompañamientos hospitalarios de bebés porque era una manera de poder transmitir amor, ternura y cariño a recién nacidos que, por circunstancias ajenas a ellos, estaban hospitalizados sin sus progenitores al lado.
Poder tenerlos en brazos, acariciarlos, hacer piel con piel… para mí fue algo muy, muy enriquecedor, además de una muestra de agradecimiento infinito a todo el personal del hospital Vall d’Hebron, que atendió a Adrià de una manera que hizo fácil lo que era muy difícil.
Hice acompañamientos en distintos hospitales, pero casualmente uno de los hospitales en los que más estuve fue precisamente en Vall d’Hebron.
Vivir con valores

A lo largo de tu vida has apostado por una educación más humana e innovadora. ¿Qué valores han guiado tu camino y cómo te han ayudado a afrontar los momentos más difíciles?
Empecé a los dieciocho años como monitora de tiempo libre y a los veintiuno ya era directora. Aunque estudié Magisterio, siempre pensé que yo no servía para evaluar a los niños con notas numéricas y exámenes que aportaban muy poco al aprendizaje permanente.
Por eso decidí apostar por el mundo del tiempo libre educativo y empezar a estructurar y escribir todos los centros de interés, ejes de animación y proyectos de tiempo libre educativo que fui desarrollando a lo largo de mi trayectoria profesional. Esto me ha enriquecido muchísimo durante toda mi vida, ya que he tenido el privilegio de poder educar sin tener que hacer exámenes ni poner notas.
Educación, sociedad y mirada de futuro
En un momento en el que el sector educativo está en debate y en constante cambio, ¿cómo valoras la situación actual de la educación? Desde tu experiencia, ¿qué crees que podría mejorarse y qué papel tenemos como sociedad para avanzar hacia un modelo más humano y significativo?

Desde mi punto de vista totalmente personal, pienso que en cuarenta años se ha pasado de un extremo al otro. Desde un aprendizaje puramente memorístico y muy jerárquico, al extremo de que actualmente algunas escuelas parecen más esplais que lugares educativos.
Creo que debemos encontrar el término medio, porque cada ámbito —el escolar y el del tiempo libre— es lo bastante rico como para tener sus propias metodologías, que no tienen por qué ser antagónicas, sino complementarias.
Como dice el dicho, la escuela debe enseñar, la familia debe educar y el tiempo libre educativo combina ambas cosas.
Y como dice el refrán: “Para educar a un niño, hace falta toda la tribu.”
Un poco más de ti



