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¿Cuál es la mejor opción para rescatar el plan de pensiones?

Los planes de pensiones se establecen como vehículos de ahorro a largo plazo cuya finalidad principal es generar un capital extra que complemente la pensión pública tras el retiro laboral.

A través de aportaciones, ya sean de forma puntual o mediante cuotas periódicas, el capital se invierte en diversos activos financieros buscando rentabilidad. Es importante recordar que estos fondos no gozan de liquidez inmediata; su recuperación está condicionada a la jubilación o a supuestos excepcionales como el desempleo de larga duración, incapacidad permanente, enfermedad grave o el cumplimiento de una antigüedad de 10 años en las aportaciones.

La planificación de la jubilación no termina con la última aportación al plan de pensiones; de hecho, la fase más crítica comienza cuando decidimos cómo disponer de ese capital. El paso de la fase de acumulación a la de desacumulación requiere un análisis pormenorizado de la fiscalidad vigente y de las necesidades personales.

De la acumulación al uso del ahorro

Una vez llega el momento de disponer del dinero ahorrado (fase de desacumulación), el beneficiario cuenta con tres vías principales:

  1. Renta: Cobro de cuotas de manera regular y sucesiva.
  2. Capital: Percepción de la totalidad del ahorro en un único desembolso.
  3. Mixto: Una fórmula intermedia que combina un pago inicial único con mensualidades posteriores.

La elección entre una u otra dependerá de factores críticos como el estado de salud, las cargas familiares o las necesidades de liquidez, ya que cada modalidad conlleva un tratamiento fiscal distinto.

  1. Rescate en forma de renta

En esta opción, el usuario define cada cuánto quiere recibir los pagos. Se puede optar por una renta financiera (el saldo se va agotando según los retiros) o una renta asegurada. Esta última ofrece dos variantes:

  • Temporal: Pagos durante un tiempo pactado o hasta el fallecimiento.
  • Vitalicia: Una cuantía garantizada de por vida.

A diferencia de la vitalicia pura, la renta asegurada destaca por su flexibilidad, permitiendo añadir cláusulas de reversión para beneficiarios o garantizar un capital residual en caso de fallecimiento. Desde el punto de vista impositivo, suele ser la alternativa más eficiente, pues distribuye la carga fiscal en varios ejercicios y aporta estabilidad financiera.

  1. Rescate en forma de capital

Consiste en retirar todo el fondo de una sola vez. Es la vía ideal para quienes precisan liquidez inmediata (por ejemplo, para cancelar una deuda).

  • Ventaja fiscal: Se puede aplicar una bonificación del 40% sobre la parte del capital derivada de aportaciones hechas antes del 31 de diciembre de 2006. Para beneficiarse, debe solicitarse en el ejercicio de la jubilación o en los dos años siguientes.
  • Riesgo: Al computar como rendimientos del trabajo, un rescate total puede disparar el tipo marginal del IRPF en ese ejercicio.
  1. Rescate mixto

Esta modalidad permite cobrar una suma inicial (aprovechando, si aplica, la reducción del 40% por la parte de capital antiguo) y dejar el resto para recibirlo como una mensualidad constante, equilibrando disposición de fondos y seguridad mensual.

Antes de firmar el rescate con su entidad, el beneficiario debe evaluar cuatro factores determinantes:

-El nivel de IRPF: Si la pensión pública ya es alta, un rescate en forma de capital puede ser muy costoso. En este caso, rescatar “poco a poco” suele ser la decisión más inteligente.

-Las necesidades Económicas: ¿Hay deudas pendientes (hipoteca)? ¿Se prevén reformas en el hogar o gastos médicos? Si la respuesta es sí, el rescate en forma de capital o mixto cobra sentido.

-Otros Ingresos: Si se dispone de rentas por alquileres o dividendos de acciones, la necesidad de una renta vitalicia del plan de pensiones puede ser menor.

-La salud y el legado: La elección entre una renta temporal o vitalicia depende en gran medida de la expectativa de vida y de la voluntad de dejar legado a los herederos.

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