35 millones de personas en el mundo están afectadas por la enfermedad de Alzheimer
Es difícil realizar previsiones sobre el coste futuro de una enfermedad porque pueden intervenir varios factores…pero si el único criterio es el número previsto de nuevos enfermos en los próximos años, el coste mundial de la enfermedad de Alzheimer se incrementará un 85 % en 2030, según la Fundación Alzheimer España.
El Alzheimer es no es solo la principal causa de demencia en todo el mundo, sino la enfermedad que mayor discapacidad genera en personas mayores en España y, por lo tanto, uno de los mayores gastos sociales. En concreto en nuestro país, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), actualmente lo padecen unas 800.000 personas.
La SEN calcula que el coste medio de un paciente con Alzheimer oscila entre 17.100 y 28.200€ por paciente y año. Un coste, que aumenta con el empeoramiento cognitivo, llegando hasta los 41.700€ en los casos graves y, en los que una parte de los pacientes precisan institucionalización. Teniendo en cuenta todos los niveles de gravedad, la SEN estima que el coste total en España del tratamiento del Alzheimer, en pacientes mayores de 65 años, es de unos 10.000 millones de euros anuales, lo que viene a representar el 1,5% del producto interior bruto nacional.

El gasto para las familias
La Confederación Española de Alzheimer (Ceafa), por su parte, calcula que los costes directos e indirectos del tratamiento y atención de un paciente con esta enfermedad rondan de media los 32.000 euros al año, una cantidad difícil de asumir por muchas familias que se empobrecen por los insuficientes recursos públicos que reciben.
El 80% de las personas con Alzheimer son cuidadas por sus familias, que asumen de media el 87% del coste total que conlleva la enfermedad, con la consiguiente sobrecarga y deterioro de la salud de los cuidadores de los pacientes y una importante disminución en su calidad de vida.
De los 32.000 euros de media que se estima que cuesta esta enfermedad por paciente, entre el 18% y el 23% son cuantías directas derivadas de los fármacos, médicos, copagos y gastos de enfermería, entre otros, y el resto de los costes son indirectos relacionados con la formación de personas para la atención y el dinero que los cuidadores dejan de percibir en sus trabajos por tener que ocuparse de sus familiares.
De este modo, los gastos comprenden la remuneración del cuidador, el centro de día, la adecuación de la vivienda, los pagos a profesionales, la ayuda doméstica y los gastos farmacéuticos. Siendo una cifra variable, ya que en una fase inicial: 29.274,5€/año, ascendería en la intermedia: 36.635€/año y descendería en una fase avanzada o severa: 29.760€/año con un coste medio anual de 31.890€.
La importancia de la pervención
Debido a que los fármacos disponibles actualmente para la enfermedad de Alzheimer sólo consiguen enlentecer la progresión de los síntomas, y no se disponen en el momento actual de fármacos modificadores de la enfermedad eficaces para reducir su gravedad y restaurar la función cognitiva, la intervención sobre los factores de riesgo modificables de la enfermedad constituye en el momento actual una de las alternativas más eficaces para la prevención activa de la misma y la reducción de su incidencia.
Se estima que la mitad de los casos de la enfermedad de Alzheimer se puede atribuir a nueve factores de riesgo potencialmente modificables: diabetes mellitus, hipertensión arterial en edad media de la vida, obesidad en edad media de la vida, tabaquismo, inactividad física, depresión, inactividad cognitiva o bajo nivel educativo, la hipoacusia y el aislamiento social. Por lo que una reducción de entre un 10 y un 25% en dichos factores de riesgo podrían potencialmente prevenir entre 1 y 3 millones de casos de Alzheimer en el mundo.
En la enfermedad de Alzheimer, menos del 1% de los casos son genéticamente determinados. Esto significa que el 99% de los casos son casos esporádicos en los que, por lo que se sabe hasta ahora, la enfermedad se origina por una interacción entre una predisposición genética y factores ambientales como el estilo de vida a partir de los 65 años.


