Hablamos de la Dra. Mª Dolores de la Puerta, médica especialista y una de las voces más influyentes en el fascinante mundo de la microbiota intestinal. Conocida por su enfoque pionero en la conexión entre nuestro intestino y nuestra salud mental, la Dra. de la Puerta es autora de libros tan reveladores como “Un intestino feliz” y “La microbiota estresada”, obras que nos invitan a cuidar nuestra salud intestinal para vivir una vida más plena y consciente.
-¿Podría explicarnos qué es la microbiota y por qué es importante cuidarla con la edad?
La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven con nosotros, colonizando todo nuestro cuerpo, tanto por dentro como por fuera. Todos los órganos están repletos de “bichillos” (bacterias, virus, hongos, arqueas) cuya actividad es imprescindible para nuestra salud.
De todos ellos, la microbiota intestinal es la más importante. El epitelio intestinal alberga el grupo más grande y diverso de microorganismos y, por eso, cuando hablamos de microbiota, por lo general nos referimos a la intestinal. Es crucial para la salud normal del intestino, ya que interviene en la digestión de alimentos, la absorción de nutrientes, la producción de enzimas y la modulación de la actividad de los sistemas inmunitario y nervioso.
A partir de los 55 años, incluso en condiciones de perfecta salud, la microbiota intestinal empieza a perder diversidad, volviéndose más pobre en riqueza de microorganismos, lo que la hace más inestable. También se pierden algunas bacterias que llamamos “de estabilización”, que son muy importantes y beneficiosas. Por ello, es especialmente crucial todo lo que podamos hacer para cuidarla.
-Después del éxito de su primer libro ‘Un intestino Feliz’, ¿qué la motivó a escribir ‘La microbiota estresada’?
Me animé a seguir escribiendo sobre el eje intestino-cerebro porque, al finalizar el primer libro, quedaron temas pendientes por abordar: las somatizaciones, los placebos, la microbiota en niños y, un aspecto importantísimo, el impacto del estilo de vida y el estrés sobre la microbiota como factor determinante. Quería resaltar la importancia de un buen manejo del estrés como una herramienta maravillosa para mantenerla sana. Por eso, en este libro hablo del estrés, la ansiedad, la vida acelerada y ese “piloto automático” con el que vivimos, así como otros detalles del eje intestino-cerebro que no se incluyeron en el libro anterior.
-Se escucha decir que la felicidad está en el intestino, ¿es así?
Sí, es así, y te explico por qué: todos los sentimientos y pensamientos tienen una molécula detrás. Esa sensación de alegría plena que es la felicidad se asocia principalmente a la serotonina. La serotonina solo la producen las neuronas, que son las células del sistema nervioso. Tenemos neuronas tanto en el cerebro como en el intestino, pero el 90% de las neuronas serotoninérgicas viven en el intestino; solo el 10% se encuentran en la cabeza. Por lo tanto, la felicidad está en gran parte ligada a la salud intestinal. Si el intestino está muy desordenado, la microbiota alterada, inflamada o funcionando mal, es más difícil que esas neuronas realicen su trabajo correctamente y produzcan las moléculas necesarias.
-¿Qué estrategias de manejo del estrés pueden proteger nuestra microbiota?
En el libro, desarrollo cuatro pilares que considero los más importantes y que cualquiera puede implementar en su vida cotidiana.
La alimentación debe ser rica en fibra, alimentos fermentados y frutas y verduras. Estas últimas, gracias a los polifenoles (un tipo de prebióticos, el alimento de las bacterias), son esenciales. Hablo de frutas y verduras ricas en polifenoles como frutos rojos, setas, champiñones, cúrcuma, aceite de oliva, granada, mango. Por el contrario, debemos tener cuidado con los alimentos proinflamatorios, los ultraprocesados, aditivos, conservantes, colorantes y alimentos muy refinados, porque nuestra microbiota come lo mismo que nosotros.
Segundo, el ejercicio: existe muchísima bibliografía que constata la diferencia entre la microbiota de personas sedentarias y la de aquellas que llevan una vida activa y practican deporte con regularidad.
Tercero, el sueño porque la microbiota, al igual que otros órganos de nuestro cuerpo, funciona de manera diferente de día y de noche. Por la noche, se “resetea” y pone en marcha todos sus recursos para recuperarse, por ejemplo, de un antibiótico, un tóxico, una gastroenteritis o una colonoscopia. Por eso, dormir adecuadamente es tan importante.
Y por último, las técnicas de control de estrés. Desde la meditación, los paseos contemplativos, las duchas conscientes hasta la respiración activa. Son cosas que propongo al lector y que puede implementar sin necesidad de ser un gurú o de usar cuencos tibetanos; son herramientas sencillas que nos ayudan a manejar el impacto del estrés.
Siguiendo estas pautas, podemos recuperar una microbiota dañada.
-¿Todas las personas tienen la capacidad de regenerar una microbiota dañada?
Sí, porque es un órgano vivo. Así que siempre es un buen momento para cuidarla y ordenarla. Si los desórdenes de microbiota se cronifican y no se les presta atención, pueden derivar en molestias e incluso algunas enfermedades. En esos casos, debe intervenir un profesional con herramientas de tratamiento más ambiciosas, como probióticos, prebióticos, aminoácidos, ácidos grasos, oligoelementos o fitoterapia, para reordenarla. Una vez que el paciente recibe el alta, debe mantener los ritmos y hábitos aprendidos durante el tratamiento.
-¿Qué opinión le merece la autosuplementación con probióticos, algo tan popular hoy en día?
Me merece una opinión regular. Es cierto que los probióticos se han popularizado mucho, al igual que el interés del público general por la microbiota. Sin embargo, en el caso de los probióticos, existen estabilizadores, inmunomoduladores, neuroactivos, de alta o baja carga, de monocepa, multicepa… Es decir, un probiótico debe ser indicado individualmente para cada persona, en función de sus circunstancias y necesidades en cada momento de su vida. Por lo tanto, la autosuplementación puede no ser inocua. No es solo que no te sirva para nada, sino que en determinadas circunstancias incluso puedes empeorar.
-¿Cómo influyen los medicamentos que se suelen recetar a personas mayores en la salud de la microbiota?
Si un paciente necesita tomar fármacos de forma crónica, además de adoptar los hábitos que hemos mencionado (alimentación, ejercicio, sueño y control del estrés), quizás también deba tomar un probiótico específico durante temporadas largas o incluso de por vida. Esto le permitirá amortiguar el daño que esos fármacos crónicos pueden causar a su microbiota intestinal.
-¿Puede una microbiota sana fortalecer nuestro sistema inmunitario y ayudarnos a prevenir enfermedades comunes?
El intestino es la superficie más grande del cuerpo en contacto con el exterior. Aunque esté dentro de la tripa, se comunica con el exterior a través de la boca y el ano, por lo que su interior se considera “exterior”. Como mecanismo de defensa, el intestino alberga el 80% de la estructura inmunitaria de todo nuestro sistema inmune. Lo primero que hace el sistema inmunitario intestinal es diferenciar frente a qué debe o no defenderse. Ante un tóxico, un patógeno, un antígeno o una sustancia dañina, debe reconocerla como “mala” y modular la respuesta, es decir, activar el sistema inmunitario y ajustar su reacción.
Si la defensa es una hiporrespuesta, favorecemos las infecciones de repetición. Si el sistema inmunitario es hipersensible y la respuesta es una hiperrespuesta, abrimos el camino a cuadros de alergia o enfermedades autoinmunes.
El sistema inmunitario que tenemos en el intestino es el que, en primera instancia, modula esto, y la relación de la microbiota con ese sistema inmunitario existe desde que nacemos.
-¿Qué pueden encontrar los lectores en cada uno de sus libros?
Mi primer libro, “Un intestino Feliz”, trata sobre microbiota y emociones. Explico al lector el eje intestino-cerebro desde el punto de vista de nuestras emociones y pensamientos, y cómo estos influyen en nuestra salud intestinal.
En el segundo libro, “La microbiota estresada”, sigo desarrollando temas del eje intestino-cerebro. Por ejemplo, hay un capítulo en el que explico, una a una, las moléculas de la felicidad. Cuento al lector que la serotonina es la hormona de la felicidad, dónde se produce y qué podemos hacer para fomentarla. Hablo de la dopamina, la hormona de la motivación, y de otro neurotransmisor que me encanta, el GABA, que es el de la calma. Explico para qué sirve cada molécula, dónde se produce y cómo podemos potenciarlas. Una parte importante de este segundo libro es el impacto del estrés: hago consciente al lector de cómo una vida rápida y automática daña la microbiota, su repercusión y qué herramientas tenemos para evitar que el estrés nos dañe, tanto a nuestra microbiota como a nosotros mismos.


