Envejecer se ha considerado tradicionalmente una enfermedad crónica y degenerativa que nos hace ir perdiendo facultades con el paso de los años, pero los científicos siguen investigando este fenómeno tanto para profundizar en su entendimiento y proponer estrategias de intervención para poder guiar la práctica de cuidados durante esta etapa vital.
En la actualidad hay grandes proyectos de inversión promovidos por Jeff Bezos, Elon Musk, Peter Thiel o Larry Ellison, entre otros, destinados a descubrir la fórmula mágica para rejuvenecer y revertir los múltiples mecanismos del envejecimiento.
Diferencias en los biomarcadores
En este sentido, una nueva investigación revela que la sangre de personas que han vivido más de 100 años tiene ciertas similitudes: específicamente, tienen niveles más bajos de tres compuestos clave. “Aquellos que llegaron a cumplir cien años tendían a tener niveles más bajos de glucosa, creatinina y ácido úrico a partir de los 60 años”, escribió en The Conversation la coautora del estudio, la Dra. Karin Modig, profesora asociada del Instituto Karolinska de Suecia.
Los niveles altos de creatinina pueden indicar problemas renales y el ácido úrico está relacionado con la inflamación. Los niveles altos de glucosa (o azúcar en sangre) pueden provocar diabetes.
El estudio, publicado en la revista GeroScience, incluyó datos de 44.000 personas en Suecia, nacidas entre 1893 y 1920, que se sometieron a evaluaciones de salud entre los 64 y los 99 años. Posteriormente, los investigadores dieron seguimiento a estas personas durante hasta 35 años. Más de 1.224 de ellos (el 2,7%) vivieron hasta los 100 años. Curiosamente, la gran mayoría (un 85%) de los centenarios eran mujeres.

Además del ácido úrico, la glucosa y la creatinina, los investigadores analizaron los niveles de colesterol total y hierro. “Las personas con los niveles más bajos de cinco grupos de colesterol total y hierro tenían menos posibilidades de alcanzar los 100 años en comparación con aquellos con niveles más altos”, explicó Modig.
El estudio no llegó a hacer recomendaciones específicas sobre el estilo de vida, pero señala ciertos factores y biomarcadores en la sangre que pueden influir en la longevidad.
“Es razonable pensar que factores como la nutrición y la ingesta de alcohol influyen”, escribió Modig. “Hacer un seguimiento de los valores de los riñones y el hígado, así como de la glucosa y el ácido úrico a medida que envejecemos, probablemente no sea una mala idea”. Pero añadió que mucho de lo que implica vivir hasta una edad avanzada es simplemente buena suerte.
“El azar probablemente juega un papel en algún momento a la hora de alcanzar una edad excepcional —añade Modig—, pero el hecho de que se pudieran observar diferencias en los biomarcadores mucho tiempo antes de la muerte sugiere que los genes y el estilo de vida también pueden desempeñar un papel”.
Los investigadores reconocen que estos biomarcadores pueden ser influenciados por factores externos, como la dieta y el ejercicio, lo que subraya la necesidad de considerar un enfoque integral para la longevidad. Si bien la sangre puede desempeñar un papel importante, no es la única pieza del rompecabezas de vivir una vida más larga.
Cada vez vivimos más años
Las personas centenarias son el grupo demográfico de más rápido crecimiento de la población mundial, con números que se duplican aproximadamente cada diez años desde la década de 1970.
La persona más longeva, cuya edad ha sido verificada hasta 2021, fue Jeanne Calment de Francia, quien vivió hasta los 122 años y, en el mundo, alrededor de un millón de personas pasan de los 100 años, especialmente en las llamadas ‘zonas azules’: cinco lugares del mundo donde la gente vive más que la media (Nuoro, en Cerdeña; Okinawa, en Japón; Loma Linda, en California; la península de Nicoya, en Costa Rica, e Icaria, la isla griega).


