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El síndrome postvacacional también afecta a los séniors

Con el fin de las vacaciones, muchas personas sienten un cambio en su estado de ánimo que puede prolongarse unas semanas. Es el conocido como síndrome postvacacional, que engloba una serie de síntomas de duración limitada que coinciden con el regreso al trabajo, la rutina y el inicio del curso escolar. Este síndrome está muy relacionado con la vuelta al trabajo, pero también afecta a los que no trabajan, incluidas las personas mayores, para quienes el fin del verano también supone un cambio de rutinas. Una sensación que, en la mayoría de los casos, se solventa al cabo de unos días o un par de semanas con la adaptación progresiva a la vida diaria.

Por ejemplo, los abuelos que se han involucrado mucho en el cuidado de sus nietos durante el verano y quizás han pasado unas semanas conviviendo con sus familiares de forma más intensa de lo habitual, cuando deben volver a su rutina diaria afloran ciertos sentimientos de melancolía al dejar de tener la familia cerca.

Debemos tener en cuenta que al malestar emocional que puede suponer poner fin a las vacaciones, hay que añadir factores como la reducción de horas de luz solar que se produce desde finales de agosto, el inminente cambio de hora, o que nos toca menos el sol y, por tanto, se reduce la vitamina D y estamos más cansados.

Lo síntomas habituales son:

-Sentir un ánimo bajo, tristeza y malestar general

-Tener demasiado o muy poco sueño, o interrupciones durante la noche

-Sentir cambios en el apetito, comer más o menos de lo habitual

-Dificultad para concentrarse

-Falta de interés en las cosas que normalmente te hacen feliz

-Irritabilidad

-Falta de interés en socializar o relacionarse con otros

Estrategias para superarlo

Las estrategias que debemos considerar para mitigar los síntomas contemplan mantener una actitud tranquila, ajustando las expectativas y adoptando metas realistas para ir recuperando la actividad diaria normal. Una de las claves de la salud mental es la habituación, un proceso fundamental en la adaptación de un organismo a su ambiente y que permite hacerlo poquito a poco. Para conseguirlo, mantener pequeños rituales de las vacaciones durante el mes de septiembre es una buena opción. Así podemos comprobar que el autocuidado que no está reservado solo a las vacaciones. En este aspecto debemos mantener nuestra autoestima en buenas condiciones; así como el contacto con la familia y los amigos.

Es importante dormir las horas necesarias e intentar respetar siempre los mismos horarios, porque sin un buen descanso es muy difícil alcanzar una sensación de bienestar general.

Considerar explorar una nueva actividad o pasatiempo, o bien ofrecerse como voluntario para ayudar a otros que necesitan ayuda también puede ser una vía para recuperar la ilusión en el nuevo curso y renovar nuestros propósitos.

Limitar el tiempo ante las pantallas también es muy conveniente, según los expertos en salud mental, ya que una dieta constante de malas noticias puede crear un alto nivel de ansiedad sin que ni siquiera nos demos cuenta de que lo estamos experimentando.

Además, debemos realizar ejercicio físico con regularidad, lo que también redundará en un mejor estado de ánimo y nos ayudará a dormir por la noche. Recuerda que el ejercicio continuado mejora nuestro sistema cardiovascular, reduce el colesterol, equilibra nuestra tensión arterial, y ayuda a regular el peso. Si actualmente estás inactivo, comienza con actividades suaves como caminar o andar en bicicleta.

También es esencial seguir una dieta equilibrada, porque cuando estamos deprimidos tendemos a comer mal, consumiendo alimentos con grasas y azúcares que nos aportan bienestar inmediato, pero desequilibrios digestivos a corto plazo.

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