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Escapadas que huelen a primavera

La primavera es, posiblemente, la estación más sugerente del calendario. Es ese paréntesis perfecto donde el frío se retira y el calor estival aún no agobia, permitiéndonos redescubrir la geografía española a través de los sentidos. Viajar en estas fechas no es solo cambiar de aires, es sumergirse en una coreografía de colores y, sobre todo, de aromas.

Desde la pureza del blanco en las montañas del norte hasta el embriagador perfume del sur, te proponemos tres escapadas donde la primavera no solo se ve, sino que se respira.

Córdoba

Si la primavera tuviese un código genético, se encontraría en el barrio de la Judería. Antes de que lleguen las multitudes de mayo, Córdoba regala su versión más íntima. Es el momento en que miles de naranjos amargos florecen a la vez. Y aunque los patios tienen su festival en mayo, en abril ya están espectaculares y mucho menos concurridos.

Caminar sin rumbo por las callejas blancas de la Judería. El aroma del azahar es tan intenso que parece guiar los pasos del caminante. Es casi obligatorio entrar en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral: sentarse en sus bancos de piedra bajo la sombra de los árboles es una lección de historia y serenidad.

Para descubrir un rincón secreto visita el Palacio de Viana. No es solo un edificio, son 12 patios unidos que resumen cinco siglos de arquitectura y jardinería cordobesa. Es el lugar donde el aroma de la celinda y los rosales antiguos es más puro. Otro lugar mágico es la Calleja del Pañuelo, tan estrecha que se dice que mide lo mismo que un pañuelo de seda estirado. Y como experiencia sensorial, los Baños Árabes permiten sumergirse en aguas a distintas temperaturas bajo lucernarios con forma de estrella, rodeado de incienso y azahar, es el descanso definitivo tras caminar por la Judería.

Una escapada a Zuheros, uno de los pueblos más bellos de España, permite caminar por la Vía Verde del Aceite, rodeados de olivos infinitos y formaciones calizas impresionantes.

El Delta del Ebro

Cuando llega primavera, el Delta vive un momento clave: la siembra del arroz. Los campos se inundan y se convierten en espejos gigantes donde se refleja el cielo, un espectáculo visual único. Para quienes buscan una primavera horizontal y serena, el Delta ofrece una fragancia distinta: la del mar mezclándose con la tierra inundada.

Alquilar una bicicleta y acercarse a la Laguna de la Tancada es perfecto ya que el momento cumbre para la observación de aves; miles de flamencos y garzas reales se asientan en las aguas someras, ofreciendo un espectáculo de naturaleza salvaje difícil de igualar en Europa. Otro momento inolvidable es llegar hasta el Faro del Fangar al atardecer. Caminar por sus dunas desérticas rodeadas de mar es una experiencia de introspección única. Es un paseo largo por la arena hasta llegar al faro pero te sentirás en un paisaje casi lunar o desértico, rodeado de dunas y mar.

Poble Nou del Delta es un pueblo encantador de casas blancas donde el tiempo parece haberse detenido, perfecto para comer un arroz de “senyoret” (con el marisco pelado) y disfrutar sin complicaciones.

Asturias

La Comarca de la Sidra (Nava, Villaviciosa, Colunga) ofrece una primavera verde y blanca. La floración del manzano es más rústica que la del cerezo, pero igualmente bella. Mientras el sur huele a azahar, el norte huele a manzana. En municipios como Nava o Villaviciosa, abril es el mes de la “pumarada” o floración de los manzanos. Las flores blancas y rosadas cubren los valles asturianos en un espectáculo más humilde pero igualmente emocionante que el del cerezo. Perderse por las carreteras secundarias que unen pequeñas aldeas de hórreos centenarios nos permite disfrutar de una aire puro, con ese toque húmedo del Cantábrico que realza el aroma de la hierba recién cortada.

Recomendable, también, es visitar el conjunto arquitectónico de Valdediós. Conocido como “El Conventín”, este templo prerrománico del siglo IX parece brotar de la propia tierra, rodeado de bosques de castaños y manzanos en flor. La paz que se respira aquí, con el sonido de los riachuelos, es inolvidable.

El viaje no puede finalizar sin conocer un llagar (bodega de sidra). Muchos ofrecen visitas donde explican el proceso desde la flor hasta la botella. El Museo de la Sidra en Nava es, también, una parada obligatoria para entender la identidad de esta tierra.

 

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