Lloll Bertran ha dejado una huella imborrable en el teatro, la televisión y el cine de nuestro país. Su capacidad para conectar con el público, su energía desbordante y su carisma innegable la han convertido en una de las actrices más queridas y respetadas de Cataluña. Entrevistamos a Lloll Bertran, una actriz con una luz propia que continúa iluminando la escena catalana.
-¿Cómo surge tu vocación por la interpretación?
Creo que ya la llevaba escrita en el ADN. Desde muy pequeña me fascinó el mundo del espectáculo. Los niños son unos grandes actores, porque juegan de verdad, que es la base de nuestro trabajo. Y he tenido el privilegio de poder hacer, de mi afición, mi profesión.
-Desde tus inicios hasta hoy, ¿cómo has visto evolucionar el humor y la comedia en Cataluña y cómo te has adaptado (o has influido) a estos cambios?
Lo digo a grosso modo (al detalle siempre hay excepciones): creo que hemos ido de un humor sutil e irónico a uno de trazo grueso y destripado. Un amigo muy activo en redes sociales me decía un día que, a menudo, en los comentarios que publica, tiene que añadir: “¡Es ironía!”, porque mucha gente no lo capta y se lo toma seriamente. Y con el empobrecimiento que sufrimos de la lengua, hay quienes ya ni entienden y, por lo tanto, no les hacen gracia, los juegos de palabras.
-A lo largo de los años has interpretado una gran variedad de personajes, tanto cómicos como dramáticos. ¿Hay algún personaje a quien tengas especial estima?
“Todos eran mis hijos”, que decía Arthur Miller. Cada personaje te aporta algo. Y te enamoras de todos porque te los tienes que hacer tuyos, entenderlos y amarlos, pero hay algunos que han crecido conmigo, que hemos compartido muchos ratos y aventuras y, por lo tanto, te marcan más, claro. Todavía ahora me encuentro con muchas personas que, cuando me ven, me sonríen y dicen: “¡El víiideeooo!” O hacen el golpe de pelo tan característico de Sandra y exclaman: “¡Porfa!”
-La conexión con el público es fundamental en la comedia. ¿Qué sientes al ver la reacción del público a tus personajes y cómo influye esta respuesta en tu trabajo?
Siempre digo que la mejor banda sonora para un actor son las risas, los aplausos y los silencios cargados de emoción. Son pura energía que potencia nuestra actuación. El público tiene siempre un papel protagonista y es quien acaba de redondear el espectáculo.
-¿Qué es el humor para ti?
Ver la vida desde un prisma que distorsiona la realidad y la hace sorprendente, rompedora, nueva, y provoca la risa o la sonrisa. Y es la manera más rápida y eficaz de estar cerca de alguien. El humor acorta las distancias.
-Teatro, televisión, cine, radio, discos, libros… has trabajado en todos los formatos. ¿Tienes alguna preferencia en particular?
Todos me atraen y fascinan, porque, en definitiva, la esencia es la misma, la interpretación, pero con técnicas diferentes. Me atrevo a decir, sin embargo, que nuestro medio natural es el teatro. Poder vivir y compartir aquella representación es único e irrepetible, tanto para los actores como para los espectadores. Aquella ficción se vuelve bien real y verdadera. Decía Vittorio Gassman que los actores somos los mentirosos más sinceros.
-Repasando tu extensa y exitosa trayectoria, ¿cuál dirías que ha sido el momento o proyecto que marcó un antes y un después de tu carrera y por qué?
Creo que cada obra siempre es un paso más y he tenido la suerte de trabajar con muy buenos directores, pero hay momentos especiales como el debut, con “L’auca del senyor Esteve”, que Pere Planella me propuso el mismo día que terminé las clases en el Institut del Teatre; conocer al gran Josep M. Flotats, ¡con quien he hecho seis obras!; poder trabajar con el maestro Ricard Salvat en “Ronda de mort a Sinera”; y, por supuesto, han sido muy importantes los diferentes shows unipersonales que he hecho, muy bien acompañada, y que, por uno de los cuales, “La Lloll. 25 anys”, me otorgaron el premio Margarida Xirgu. Con los shows, estaban casi todas las Llolls, y fueron un homenaje al público y un acto de amor al teatro.
-Con una vida profesional tan rica y variada, ¿cuáles dirías que son los aprendizajes más importantes que has adquirido?
Que el teatro es como la vida. Hay que sentirlo y vivirlo a cada instante. Y no perder nunca las ganas de jugar.
-Si pudieras dar un consejo a la Lloll Bertran que empezaba su camino en el mundo del espectáculo, ¿cuál sería?
Que no fuera tan dubitativa (¡un poco va bien!), ni tan autocrítica (¡un poco también!).
-Mirando hacia el futuro, ¿hay algún sueño profesional o personal que todavía te gustaría cumplir?
El sueño es poder continuar jugando en los escenarios. Hace unos cuantos años empecé a apuntarme títulos de espectáculos y personajes para poder hacer cuando fuera más madurita, porque me gustaría no jubilarme nunca. ¡Como toda la pandilla del BE65!


