Desde que en el año 1985 la voz de Conxa en Pedra de tartera otorgara dignidad literaria a toda una generación silenciosa, Maria Barbal no ha dejado de pulir un oficio que hoy nos parece inseparable de su propia biografía. Hablamos con la autora de un oficio, el de escribir, que ella vive sin artificios, con la paciencia de quien sabe que las mejores historias necesitan tiempo para madurar. Lo hacemos en un momento dulce: con la reciente reedición de Pedra de tartera todavía latiendo en las librerías y su última obra, Peripecias.
—En su último libro, Peripecias, explora las luces y sombras del oficio de escritor y su compleja relación con el mundo editorial. ¿Qué hay de sus propias experiencias como escritora en el libro?
Hay una experiencia personal de años de tratar con las editoriales que han publicado mis libros, pero también hay un grueso de autores y conocimientos que me han llegado por otras vías. No hay una experiencia exacta entre lo que a mí me pasó y lo que le ocurre al protagonista del libro en toda la novela, pero sí hay experiencias como la de Sant Jordi, cuestiones que se te presentan a lo largo del tiempo, que pueden coincidir. Pero hay bastante ficción. Busqué un protagonista que fuera bastante diferente a mí, porque no quería era dar a entender que estaba escribiendo una biografía novelada. Es un hombre joven, pero con unas experiencias que son conocidas por mí.
—¿Cuáles son sus hábitos de creación? ¿Le ha sido difícil compaginar la escritura y su vida personal?
Escribí bastantes años cuando todavía trabajaba en la enseñanza, y eso me dejaba libre un horario muy reducido durante la semana laboral; escribía cuando podía porque tenía los hijos pequeños y adolescentes. Después ha venido una época en la que me he podido dedicar más, pero no he sido una persona muy sistemática. No escribo en un horario fijo como otros autores, sino cuando puedo, porque siempre surgen cosas que hacen que mi horario no se pueda prever.
No ha sido nada fácil compaginar la escritura y la vida. Este hecho provoca que escribas menos que aproveches mucho el tiempo… la balanza a veces se decanta hacia un lado o hacia el otro. Mis hijos dicen que no notaron nada excepcional cuando eran pequeños. Es decir, que yo no estaba ausente o encerrada en una habitación escribiendo, porque siempre tuve muy claro que eso no pasaría. Pero mi sensación es que quizás lo habría podido repartir mejor. Ahora estoy en una época de recuento y lo veo así.
—La familia, el silencio y la memoria son constantes en su literatura. ¿Estos temas la siguen inspirando hoy o han aparecido otros nuevos?
La familia es un gran tema literario. Lo ha sido siempre porque es un núcleo donde se produce toda la formación sentimental, de relaciones cercanas que cuando se amplían al exterior pueden entrar en conflicto… por lo tanto es un gran tema y lo seguirá siendo. La memoria, al nacer diez años después de la guerra civil española, es un tema que se ha acentuado. Pero para cualquier escritor la guerra es un gran tema por la perspectiva que te aporta un contraste con la realidad actual. Hay muchos otros temas clave en la literatura, como el amor que es eterno… siempre van saliendo temas que me inspiran.

Foto © © Oriol Forn / RTVE
—Recientemente se ha reeditado Pedra de tartera. Muchos lectores crecieron o descubrieron la literatura catalana con esta novela. ¿Por qué cree que la historia de Conxa continúa siendo universal y necesaria cuatro décadas después?
Yo no me atrevería a decir que sea una historia necesaria. En todo caso, diría que hay muchas historias necesarias que nos aportan la memoria de una época y las vivencias que nosotros no hemos podido tener, pero que poco o mucho nos han influido. Son pequeñas historias que aportan memoria y en este sentido se pueden considerar necesarias. Pero no solo la de Conxa, hay muchísimas más. También se pueden considerar universales, porque se han vivido y se viven en otros lugares con unas circunstancias diferentes, pero la misma esencia.
—Publicar Pedra de tartera de joven y que se convirtiera en un clásico puede haber sido un reto emocional. ¿Cómo ha gestionado este primer gran éxito en su carrera?
Debo decir que el éxito del libro no fue inmediato. Un éxito relativo sí lo fue porque salió en una colección juvenil y dio el paso a lectura de adultos muy rápido. Para mí, eso es el éxito de aquel momento porque durante años no se puede decir que se hablara mucho de él. Lo que sí ha habido es una fidelidad de lectores; quizás también por el hecho de que describe a unos personajes durante la guerra civil y la posguerra, y algunos pedagogos lo escogieron como lectura de referencia para debatir ese periodo. Al inicio de la publicación, hace ahora 40 años, no fue un tema que me provocara un choque, ya que el éxito del libro ha ido madurando con el tiempo. Por eso lo he podido vivir matizadamente.
—Usted tiene 76 años y se encuentra en un momento creativo magnífico. ¿Cómo vive esta etapa de la vida? ¿Cree que la sociedad actual valora suficientemente la experiencia de la gente mayor?
Vivo esta etapa como mucha gente de mi edad, viendo que tenemos unas limitaciones claras y que no es fácil hacernos visibles; pero pienso que la sociedad sí valora a la gente mayor, en general. También se habla mucho de ello. Yo tengo un privilegio porque todavía estoy activa literariamente. Pero cualquier persona de mi edad que realice una actividad extra puede vivir de forma activa e interesante hoy en día.
—¿Qué le aporta la escritura en esta etapa que no le aportaba cuando era más joven?
La escritura me aporta visibilidad y juventud, pero como otra actividad le aporta lo mismo a otra persona. Pero sí, pienso que una actividad creativa te hace sentir más joven.
—Si pudiera hacer un viaje en el tiempo y hablar con la Maria Barbal que empezaba a escribir en los años 80, ¿qué consejo le daría sobre la vida y sobre el oficio?
Diría que tengo un carácter bastante prudente, por lo tanto, desde joven he intentado tomarme las cosas con calma, pero ahora me recomendaría vivir todos los acontecimientos que tienen que ver con el hecho de escribir y publicar con más calma de la que lo hice. Quizás por el hecho de tener un tiempo medido, creo que ha habido momentos en los que he perdido la calma y eso me ha pesado.
—¿Qué lee actualmente? ¿Hay algún libro o autor que la haya acompañado especialmente en estos últimos años?
Sí, muchos libros. Hay autoras que me gustan desde hace años, como Carson McCullers, pero últimamente me decanto un poco más por el ensayo. He sido una gran lectora de novela y de cuentos y lo sigo siendo, pero ahora me doy cuenta de que hay autores que me han pasado absolutamente por alto y voy a por ellos y me entretengo. Y el ensayo, aunque me cuesta más de leer que la novela, es un género que aporta ideas muy interesantes que hacen de enlace entre culturas. Sigo a algunos autores rusos como Osip Mandelstam, que además de poesía escribió ensayo, y a su mujer Nadezhda Mandelstam, que describió unos años de la vida de la pareja en su libro Contra toda esperanza, y es impresionante. También he vuelto a leer Hamnet de Maggie O’Farrell después de ver la película en el cine, porque es una autora muy buena. Y acostumbro a leer a mis compañeros, y a los autores jóvenes, que los hay muy buenos.


