Todos somos conscientes de que la relación entre abuelos y nietos va cambiando a medida que pasa el tiempo y en función de las edades de ambos grupos. Por ejemplo, se ha demostrado que en general cuando la persona mayor es relativamente joven disfruta especialmente con los nietos pequeños. Sin embargo, a medida que estos crecen el vínculo adquiere otra perspectiva. Las barreras de comunicación, las diferencias culturales y las brechas generacionales se convierten en obstáculos. Los jóvenes se están preparando para entrar en la vida adulta y este cúmulo de sensaciones y vivencias provoca que proyecten sus intereses fuera del círculo familiar.
La adolescencia suele ser una época de confusión, pero eso hace que el papel de los abuelos sea aún más importante. Para los adolescentes, el amor incondicional y la aceptación que reciben de sus abuelos les brinda un espacio natural contra el estrés en el hogar o en la escuela.
Las investigaciones indican que los adolescentes ven a los padres de sus progenitores como personas influyentes en su vida, tanto en el ámbito personal como en el académico. El afecto y el respeto hacia ellos se mantienen impolutos y no varían durante este periodo. Lo importante es saber que ellos siguen sintiendo aprecio hacia las personas que han estado con ellos desde que vinieron a este mundo de un modo u otro.
Cómo adaptarnos a los cambios
Si tus nietos ahora son adolescentes, es natural que la relación con ellos haya cambiado con relación a cuando eran más pequeños. Lo primero que debemos hacer es tratar de comprender que la mayoría de las veces los conflictos no son nada personal, forman parte del proceso de autoconocimiento propio de la edad y que debemos darles el espacio que necesitan sin intentar forzar la dinámica. La mayoría de los adolescentes superan este comportamiento distante tarde o temprano.

Pero también es cierto que se necesita tiempo para construir una relación significativa y podemos esforzarnos por aprender sobre su cultura e intereses. A la mayoría de los nietos les encantaría compartir sus gustos y aficiones con el resto de la familia sin sentirse juzgados. Esto les hace sentir especiales y que sus intereses y sentido del humor son importantes para el resto. Esta es una manera muy fácil de construir lazos porque sentirse escuchados es lo importante para ellos y afianzar su autoaceptación. Además, más que cualquier otro grupo de edad, los jóvenes son alérgicos a los consejos no solicitados. Por ello, cuando charlemos de sus cosas, un mejor enfoque es hacerles algunas preguntas y guiarles para que encuentren la solución por sí mismos, a su manera. Otra buena táctica es preguntar primero si desean nuestro consejo o solo necesitan que alguien los escuche.
Mejor aún, encontremos algo que hacer juntos. Tal vez podríamos cocinar, ir al cine o pasear al perro juntos. Del mismo modo, podemos pedirles que nos muestren su escuela, sus tiendas favoritas o sus lugares de reunión con amigos. Compartir lo que a cada uno le gusta y le disgusta es otra forma de vivir un momento especial juntos. Por ejemplo, si tu nieto es un genio de las computadoras, pídele ayuda para aprender a usar las redes sociales, y a cambio puedes enseñarle a cocinar su receta favorita.
En conclusión, se trata de aceptar la nueva etapa por la que están pasando los jóvenes y entender ese momento especial. Una circunstancia que cambiará algunos aspectos de la relación entre abuelos y nietos, pero que no tiene por qué interferir en los sentimientos ni en la verdadera esencia de la unión familiar.


