¿Qué son las finanzas conductuales?
Las finanzas conductuales, que surgieron hace unos 30 años, son el estudio de los diversos factores psicológicos que pueden afectar a los mercados financieros.
Durante las décadas de 1970 y 1980, los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, asistidos por el economista Robert J. Shiller, realizaron varios estudios sobre cómo el mercado financiero se ve afectado por las emociones y el subconsciente de sus inversores. Este estudio, innovador para su época, iba en contra del supuesto establecido de “mercados financieros eficientes”, que sostenía que estaban sujetos únicamente a la racionalidad y la previsibilidad.
A partir de entonces, sabemos que nuestras emociones pueden influir en las decisiones financieras que tomamos. Pero saber identificar los sesgos de comportamiento más comunes nos permite no sucumbir a las presiones emocionales que pueden afectar a nuestro juicio a la hora de gestionar nuestras finanzas. Y es que conocer la propia mente y sus hábitos es un consejo sólido para entendernos y gestionarnos. Las investigaciones han demostrado que las personas con una alta inteligencia emocional, que son conscientes de sus emociones y las saben utilizar para mejorar su pensamiento, son mejores para detectar los efectos de las emociones al tomar decisiones. Puedes estar más en sintonía con tus patrones de pensamiento de muchas maneras (como mediante la meditación), así que haz lo que funcione para ti. Lo importante es ser consciente de ellos y poder detectarlos cuando se produzcan.
Sesgos que pueden afectar nuestras decisiones
En el caso de la inversión, algunos de los sesgos cognitivos más comunes, según la guía de la Comisión Nacional del Mercado de Valores español (CNMV), son:
-Exceso de confianza. Es la tendencia a sobreestimar o exagerar la capacidad de una persona para realizar con éxito una tarea determinada. Los errores más comunes que provoca están relacionados con la infravaloración de los riesgos, no diversificar y realizar demasiadas operaciones.
-Ilusión de control. Hace referencia a la tendencia de los individuos a pensar que tienen la capacidad de influir en situaciones sobre las que, en realidad, no tienen ninguna incidencia. Este sesgo puede llevar a que se asuma un nivel de riesgo superior al adecuado.
-Confirmación. Consiste en interpretar la información recibida o buscar informaciones nuevas que corroboren las ideas previas y fijarnos más en aquello que nos lleva a confirmar nuestras creencias. Este error lleva a las personas a dejar de recopilar información cuando la evidencia reunida hasta el momento confirma las opiniones o los prejuicios que les gustaría que fueran ciertos.
-Anclaje. Es la predisposición por dar más peso a la información obtenida en primer lugar que a una información nueva que la contradice.
-Aversión a las pérdidas. La principal consecuencia de este sesgo es que el inversor tiende a adoptar un perfil excesivamente conservador para evitar pérdidas, lo que le lleva a incurrir en un coste de oportunidad y en la posibilidad de no alcanzar sus objetivos.
-Falacia del coste hundido. Es el sesgo que lleva a mantener una inversión que ha generado o está generando pérdidas ante el temor a perder lo que ya se ha invertido.
-Sesgo de autoridad. Es la tendencia a sobreestimar las opiniones de determinadas personas por el mero hecho de ser quienes son y sin someterlas a un enjuiciamiento previo.
Según los expertos, es aconsejable sistematizar el proceso de inversión y tomar las decisiones en las condiciones óptimas para ello. Además, es recomendable pensar en alternativas y sopesar los pros y contras de cada operación. Habituarnos a buscar, demandar y leer de manera crítica y con suficiente antelación toda la información oficial puede ayudarnos a tomar decisiones de inversión fundadas.


