Las arritmias cardíacas son trastornos del ritmo del corazón, en el que el latido cardíaco es anormalmente alto o bajo. Por eso, existen dos tipos de arritmias: las arritmias lentas o bradicardias (con una frecuencia cardíaca inferior a 50 lpm) y las arritmias rápidas o taquicardias (con una frecuencia cardíaca superior a 100lpm).
Estos puntos de corte de normalidad/anormalidad son discrecionales y dependen de la edad, la situación funcional y la capacidad de cada persona. Además, a veces es normal que una persona tenga un ritmo cardíaco rápido o lento. Por ejemplo, nuestra frecuencia cardíaca puede aumentar con el ejercicio o disminuir durante el sueño.
El tratamiento de las arritmias cardíacas puede incluir medicamentos, procedimientos con catéter, dispositivos implantados o cirugía para controlar o eliminar los latidos cardíacos rápidos, lentos o irregulares. Además, mantener un estilo de vida saludable para el corazón también puede ayudar a prevenir los daños que pueden desencadenar ciertas arritmias.
Causas
Algunas de las causas de las arritmias pueden encontrarse directamente en el corazón y ser congénitas o adquiridas, es decir, pueden ser provocadas por un ataque al corazón, una enfermedad coronaria o una insuficiencia cardíaca. Otras, en cambio, pueden ser externas (extracardíacas), como es el caso de infecciones o enfermedades como la hipertensión, el hipotiroidismo o el hipertiroidismo.
Existen otras circunstancias, como el consumo excesivo de alcohol, cafeína, drogas estimulantes, cocaína, anfetaminas, tabaco o algunos medicamentos, el estrés y las emociones intensas que también pueden desencadenarlas.
Por último, también hay que tener en cuenta que, en algunos casos, no se detecta una enfermedad o factor desencadenante aparente.
Síntomas
Las arritmias cardíacas pueden no causar ningún signo o síntoma. Aun así, hay algunos que suelen ser los más comunes. Principalmente, suelen manifestarse con palpitaciones (los latidos se perciben como demasiado fuertes, irregulares o veloces, como si el corazón aleteara o vibrara) y síncopes, que son pérdidas de conocimiento a consecuencia de que el flujo sanguíneo al cerebro queda mermado.
Otros posibles síntomas de las arritmias provocados por la falta de riego sanguíneo son palidez, el mareo, un dolor en el pecho, debilidad, aturdimiento, sudor, sensación de falta de aire y ansiedad. Si se padecen de forma habitual estos síntomas, es recomendable acudir a una revisión médica y hacer los estudios pertinentes para confirmar o descartar una arritmia. Las arritmias suelen ser detectadas por el profesional sanitario en un examen de rutina que incluya un electrocardiograma.

Diagnóstico
Para diagnosticar una arritmia, el médico interroga al paciente sobre su estilo de vida y antecedentes familiares y realiza dos exámenes: uno cardíaco y uno físico para controlar la presión arterial y el pulso.
El primer examen suele ser un electrocardiograma (ECG) donde se mira el corazón desde 12 visiones diferentes. Otro procedimiento que también suele indicarse es el holter, un aparato que registra la frecuencia y el ritmo cardiaco durante 24 horas. Por otro lado, si estos exámenes no bastan, existe un método más sofisticado, llamado loop y similar al holter, que tiene una duración más prolongada y puede analizar el ritmo cardiaco hasta durante varias semanas.
Por último, un examen mucho más complejo y que requiere hospitalización es el estudio electrofisiológico, que consiste en la instalación de catéteres dentro del corazón para estimularlo y estudiar su comportamiento eléctrico.
Prevención
Entre las medidas que pueden adoptarse para evitar la formación de las arritmias destacan: disminuir el consumo de azúcares y grasas para mitigar la hipercolesterolemia y diabetes, realizar deporte de forma regular, no fumar, evitar el alcohol y controlar y reducir los niveles de estrés.


