
¿Qué uso hacemos del tiempo que tenemos? Esta es la pregunta que atraviesa TEMPS, el espectáculo que Quim Masferrer reestrena en el Teatre Borràs (hasta el 18 de octubre) quince años después de su estreno. Con humor, emoción y una mirada más madura, el actor, autor y director recupera una obra que reflexiona sobre la muerte para hablar, en realidad, de la vida: de las decisiones que tomamos, del valor del tiempo y de la necesidad de aprender a vivirlo con conciencia. Hablamos con él sobre la obra y sobre cómo vive el paso del tiempo.
—Dices que TEMPS es un retorno consciente. ¿Qué encontrará el público que venga a verla?
Toda una reflexión sobre la muerte, y por eso hablamos de la vida, hecha con muchísimo humor. Es un espectáculo que plantea qué hacemos con nuestro tiempo. Si realmente lo aprovechamos, si hacemos lo que queremos hacer, si somos conscientes de que somos dueños de nuestro tiempo.
Habla de algo que reúne absolutamente a todo el mundo. Aquí sí que no se escapa nadie: ni ricos ni pobres, ni del Barça ni del Madrid, ni de izquierdas ni de derechas. Todos pasamos por el filtro de la muerte.
Y precisamente eso, el hecho de que nos afecte a todos hace que sea una obra que interpela muchísimo al espectador. Pero, además, la muerte es lo que da sentido a la vida. Por lo tanto, es una obra que habla de la vida y lo hace con una de las armas más poderosas que tenemos, que es el humor.
Yo, que me dedico a la comicidad, no podría imaginar una vida sin humor. Y, en cierto modo, Temps habla también de eso: de administrar nuestro tiempo, de hacer lo que nos apetezca.
—Han pasado quince años desde el estreno de TEMPS. ¿Qué ha cambiado durante este período?
Quince años después de haberla escrito, está claro que soy quince años mayor y tengo más experiencia. A nivel de espectáculo, sí que se ha actualizado, porque hay momentos en los que hablas de la actualidad. También hay gente nueva en el equipo y se ha cambiado la escenografía; es un espectáculo totalmente renovado.
También tenía ganas de volver hacia esta faceta más interpretativa, más de actor, después de la gira de Bona gent, con la que llevamos más de quinientas funciones y hemos superado los 400.000 espectadores, que es una barbaridad.
Para celebrar estos quince años de una pieza que, para mí, es uno de los mejores espectáculos que he escrito nunca, pensé: pues vamos a rendirle homenaje volviéndola a subir al escenario.
—Dices que hay que volver al punto de partida para entender cómo hemos llegado hasta aquí. Cuando miras atrás, ¿cuál ha sido el punto de inflexión más importante de tu trayectoria?
La verdad es que no dejo de sentirme muy agradecido por poder ganarme la vida haciendo aquello que me apasiona. Desgraciadamente, no todo el mundo puede. Por lo tanto, los que tenemos esa suerte —o esa mezcla de talento y esfuerzo, o lo que sea— debemos estar muy, muy agradecidos.
Si en la adolescencia me hubieran dicho que llegaría un día en el que podría ganarme la vida contando historias, subiéndome a los escenarios, y que vendría gente de lejos a dedicar una parte de su tiempo a ver lo que yo propongo… uf, no me lo habría creído.
—La obra parte de una pregunta muy directa: “¿Qué harías si te quedaran 90 minutos de vida?”. ¿Cuándo crees que empezamos a ser conscientes de que el tiempo se acaba?
Este espectáculo lo hice hace quince años y ya existía en mí esa conciencia. Ahora, quince años más tarde, todavía la tengo más presente. Es decir, yo creo que, a medida que te haces mayor, te das cuenta realmente de que el tiempo es lo más valioso que tenemos y que, por lo tanto, debemos saber administrarlo.
—En TEMPS reflexionas sobre aprovechar la vida. ¿Qué significa aprovechar el tiempo?
A medida que te haces mayor también dejas de preocuparte por compromisos y por el qué dirán. Tienes que decir sí a aquello a lo que quieres decir sí y decir no a aquello a lo que quieres decir no.
No tengas la sensación de estar perdiendo el tiempo. Aunque eso de perder el tiempo también es algo muy relativo. Yo, por ejemplo, pasar una mañana contemplando una montaña no lo considero perder el tiempo; para mí es ganarlo.
Cada vez te das más cuenta de las cosas importantes de esta vida. De que las cosas pequeñas, a veces, son las más importantes y que aquellas que tienes más cerca y a las que prestas menos atención son las que realmente valen la pena.
—Muchas personas asocian el envejecimiento con las pérdidas. ¿Tú también ves ganancias?
Hombre, la alternativa a hacerse mayor es muy mala. Es evidente que nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte, cuando precisamente la muerte es lo que da sentido a la vida. La vida existe en tanto que es finita.
Vivimos en una sociedad que intenta disimular la vejez, cuando yo creo que debería ser algo muy bonito y que deberíamos poner en valor el hecho de que alguien llegue a una determinada edad. Es un error no hacer caso a nuestra gente mayor, no escucharla más porque son quienes nos han dado la vida y porque su experiencia puede ser absolutamente valiosa.
No debemos intentar luchar contra el tiempo, sino intentar que el tiempo sea un aliado. Yo ahora me siento mucho más preparado para afrontar muchas cosas de la vida que cuando tenía treinta años.
Con treinta años quería hacer muchos proyectos y quería demostrar que sabía hacer no sé qué y que era capaz de no sé cuántas cosas más. Ahora pienso: no hagas las cosas para los demás, hazlas para ti mismo y ten en cuenta aquellas cosas que realmente son importantes. Para mí, la familia, disfrutar, tener la conciencia tranquila e intentar ser buena gente.
—Mirando tu trayectoria, has sido actor, autor, director, presentador y comunicador. ¿En cuál de estas facetas te sientes más cerca de quien eres realmente?
Me cuestan mucho estas cosas de las etiquetas porque para mí es un todo. Sí que es verdad: escribo teatro, hago espectáculos, he dirigido teatro, he hecho radio… pero me cuesta mucho desgranarlo.
Lo que hago es compartir, y me parece un verbo fascinante. Es un verbo que está en mi top five de verbos favoritos: compartir.
Por ejemplo, tenemos la posibilidad de asistir a rituales tan extraordinarios como el teatro, donde nos reunimos, nos contamos cosas y compartimos el tiempo. Y ahí en medio está todo: el autor, el director, el showman, el comunicador… y no sé cuántas cosas más.
—Después de tantos años subiéndose a los escenarios, ¿qué te sigue aportando ese contacto directo con el público?
Soy muy consciente de que todo el mundo tiene una entrevista, de que todo el mundo tiene cosas interesantes que explicar. No solo quienes salen en televisión, o quienes estrenan una obra de teatro, o quienes marcan un gol, o quienes escriben un libro… Absolutamente todo el mundo. Y creo que tanto mi espectáculo Bona gent como el programa El foraster lo avalan.


