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Reprimir los pensamientos negativos es bueno para la salud mental, según un estudio

La creencia común de que intentar suprimir los pensamientos negativos es malo para nuestra salud mental porque entonces vuelven con más fuerza podría ser errónea, según un nuevo estudio de científicos de la Universidad de Cambridge.

Esta conclusión se obtiene a partir de las investigaciones de la Unidad de Ciencias del Cerebro y Cognición, del Consejo de Investigación Médica, en un estudio con 120 voluntarios de todo el mundo a los que capacitaron para suprimir los pensamientos sobre acontecimientos negativos que les preocupaban, y descubrieron que no solo estos se volvían menos vívidos, sino que también mejoraba la salud mental de los participantes.

“Todos estamos familiarizados con la idea freudiana de que, si suprimimos nuestros sentimientos o pensamientos, estos permanecen en nuestro inconsciente, influyendo perniciosamente en nuestro comportamiento y bienestar”, explica el profesor Michael Anderson al respecto.

Durante años, se nos ha dicho que reprimir los pensamientos es intrínsecamente ineficaz y que en realidad hace que recordemos más el pensamiento. El objetivo de la psicoterapia es sacar a la luz estos pensamientos para poder lidiar con ellos.

Cuando apareció el covid, en 2020, el profesor Anderson, como muchos investigadores, quiso utilizar su propia investigación para ayudar a las personas a superar la pandemia. Igualmente, la Dra. Zulkayda Mamat, en ese momento estudiante de doctorado en el laboratorio del profesor Anderson y en el Trinity College de Cambridge, quería profundizar sobre el control inhibitorio de pensamientos para superar traumas. De este modo, reclutaron a 120 personas en 16 países para probar si, efectivamente, sería posible (y beneficioso) que las personas practicaran la supresión de sus pensamientos de miedo.

En el estudio, se pidió a cada participante que pensara en una serie de escenarios que podrían ocurrir en sus vidas durante los próximos dos años: miedos y preocupaciones negativos que temían que pudieran suceder, esperanzas y sueños positivos y eventos neutrales rutinarios y mundanos. Después del entrenamiento —tanto inmediatamente como pasados tres meses— los participantes informaron de que los eventos reprimidos eran menos vívidos y aterradores. También se encontraron pensando menos en estos eventos.

La supresión de pensamientos incluso mejoró la salud mental entre los participantes con probable trastorno de estrés postraumático: sus puntuaciones de índices de salud mental negativos cayeron en promedio un 16%, mientras que las puntuaciones de los índices de salud mental positivos aumentaron casi un 10%.

En general, las personas con peores síntomas de salud mental al inicio del estudio mejoraron más después del entrenamiento de supresión, pero solo si reprimieron sus miedos.

A pesar de no haber pedido a los participantes que continuaran practicando la técnica, muchos de ellos optaron por hacerlo de forma espontánea. Cuando la Dra. Mamat se puso en contacto con los participantes después de tres meses, descubrió que los beneficios en términos de reducción de niveles de depresión y emociones negativas continuaron para todos los participantes, pero fueron más pronunciados entre aquellos que continuaron usando la técnica en su vida diaria.

Aunque se necesitará más trabajo para confirmar los hallazgos, parece que es posible e incluso potencialmente beneficioso suprimir activamente nuestros pensamientos de miedo.

Entrenar la mente

Como prácticamente todo en nuestro cuerpo, la mente se puede entrenar. Ese entrenamiento y aprendizaje se aplica a todas las situaciones de nuestra vida, y, por tanto, podría enfocarse en entrenar cómo estar más felices.

La ciencia indica que entrenar la mente supone grandes beneficios para el ser humano: por un lado, se desarrollan nuevas redes neuronales y, con ello, nuevos aprendizajes; por otro lado, se detiene el deterioro fisiológico y cognitivo. Así, podemos ejercitar los sentidos del tacto, olfato, oído y gusto; mejorar el sentido de propiocepción o conciencia corporal, el equilibrio y las habilidades motrices, y también trabajar sobre las interpretaciones cambiándolas por otras más adaptativas.

Nuestra vida, nuestros sentimientos y nuestro bienestar dependen en gran medida de los pensamientos que generamos. Y, gracias a la reestructuración cognitiva, podemos aprender a identificar y cuestionar los pensamientos que no nos aportan, para conseguir sustituirlos por otros que sean más apropiados y que permitan reducir o eliminar nuestro malestar.

 

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