La ilustradora Roser Capdevila es una de las figuras más queridas e influyentes de la cultura catalana contemporánea y creadora de universos imaginarios que han marcado generaciones. Su creación más popular, Las tres mellizas, ha traspasado fronteras y formatos, y se ha convertido en un símbolo de creatividad, educación y transmisión de valores universales. En 1983, inspirándose en sus tres hijas gemelas, la ilustradora creó la colección de libros infantiles Las tres mellizas, que pronto se popularizaron dentro y fuera del país. Tanto es así que los personajes de Helena, Anna y Teresa pasaron de ser de tinta y papel a convertirse en dibujos animados en la serie de televisión, emitida en 158 países. Recientemente ha recibido el Premio Honorífico de los Premis Ateneus 2025, que se suma a otros reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Medalla de Honor del Parlamento de Cataluña y la Creu de Sant Jordi.
–Recientemente, te han concedido el Premio Honorífico de los Premis Ateneus 2025 por fomentar la cultura, la educación y la creatividad colectiva como herramientas de transformación social con tu obra. ¿Qué representan estos reconocimientos para ti?
Me hacen mucha ilusión, porque pienso que aún estoy viva. Tengo 86 años, y supongo que también piensan en mí porque ya tengo una edad. Los premios me ponen muy contenta, la verdad.
-¿Cómo nace tu pasión por el dibujo?
Mi pasión por el dibujo no sé cuándo nació; mi madre siempre me decía: “Tú naciste con un lápiz en la mano”, porque yo siempre dibujaba. Es decir, esta pasión siempre la he tenido. Ahora profesionalmente ya no dibujo, porque estoy muy mal de la vista, pero dibujo para mí. Me hago un diario dibujado: lo que me ha pasado durante el día, lo dibujo, y si no me ha pasado nada, cojo noticias de los diarios y también las dibujo. Estos diarios (ya voy por el 75) son un poco una crónica de la época en la que vivimos.
-¿La experiencia de ser madre de Helena, Anna y Teresa influyó en el nacimiento de Las tres mellizas?
Sí. Fue una sorpresa muy grande porque ahora hay muchos trigéminos, pero cuando nacieron las mías era diferente: mis hijas tienen 56 años, ya son señoras y todas tienen chavales.
-¿De dónde sale la idea del personaje de la Bruja Aburrida?
La Bruja Aburrida era una maestra que tuve de pequeña en Horta y que nos machacaba mucho. Recuerdo que yo la veía igual que una bruja. Ella me decía: “¡Capdevila, siempre haciendo dibujitos!”, y me los rompía y me castigaba debajo de la mesa. Cuando era pequeña pensaba: “La venganza llegará”. Y llegó. Pero la Bruja Aburrida de los cuentos es más buena que doña Pilar.
–Las tres mellizas han marcado a varias generaciones y han trascendido el libro y la televisión. ¿Cómo es saber que tu obra se ha convertido en una pieza de patrimonio cultural que conecta a diferentes generaciones?
Una cosa que me satisface mucho es cuando voy por la calle, en el metro o en el autobús y la gente me reconoce (son personas de 30 o 40 años) y me dice: “¡Tú eres la madre de las mellizas! ¡Yo de niña disfruté mucho, y ahora mis hijos también disfrutan mucho viéndolas!”. Esto es lo que me satisface. Incluso un día, una chica de Alcalá de Henares me escribió y me dijo que había disfrutado mucho viendo el episodio de Velázquez, y que gracias a este episodio había estudiado Bellas Artes y que ya había acabado la carrera. Me lo quería decir y yo le contesté que estaba muy contenta por su decisión.
-Has publicado 400 títulos que se han traducido a 35 lenguas. ¿Cuál piensas que es el motivo principal de tu éxito?
Recuerdo que yo tenía mucho trabajo ilustrando cuentos para los niños, que ya se vendían por todas partes, cuando vino la productora Cromosoma y me propuso hacer dibujos animados de Las tres mellizas porque no los habíamos hecho nunca…, y aquello fue un trabajazo impresionante. Yo primero dije que no, que dibujos animados no quería hacer, pero insistieron tanto que al final cedí. La serie audiovisual de Las tres mellizas tiene 104 episodios de media hora (era la única serie de dibujos animados con capítulos de media hora en toda Europa) y, claro, la televisión entra en todas las casas, y no entra por una ventana, sino por unas cuantas, porque hay gente que tiene televisor en la cocina, en el comedor, en la habitación… ¡Y venga mellizas y venga mellizas por todas partes!
Tu estilo se caracteriza por una mezcla de humor, sensibilidad y compromiso. ¿Qué papel juega el humor en tu obra?
Yo pienso que los niños se tienen que divertir. Les tienes que dar diversión; si quieres que se rían no los puedes dar cosas aburridas ni de poca calidad. Y yo esto lo respeto mucho.
-¿Cómo era un día habitual de trabajo en tu estudio durante estos años de más producción?
Durante estos 20 años de Las tres mellizas había unos profesionales muy buenos en Cromosoma: son los animadores, y yo estuve yendo allí para trabajar con ellos cada día. Recuerdo que me lo pasaba muy bien. Detrás de las historias de la animación había 3 guionistas muy buenos y, juntos, cada 3 meses, nos reunían y nos decían: “¿Ahora con las próximas historias qué haremos?” Y entonces yo les decía: “He pensado que podemos tratar y explicar la rivalidad con Romeo y Julieta”. Entonces hicimos que Romeo fuera del Barça y Julieta del Espanyol, y que ellos fueran los que habían inventado el fútbol porque iban a ver unos chavales que jugaban con una col y que decían: “¡Col, col!” Y entonces esto lo variaron y pasó a llamarse “gol”. Es un ejemplo de cómo trabajábamos.
-¿Cuál dirías que ha sido la lección más importante que has aprendido a partir de tu trabajo de artista?
He aprendido dos cosas: por un lado, poder vivir del trabajo que me gusta, que para mí no es trabajo, es disfrutar. Por otro, llegar a los niños y a los mayores de una manera muy sanota. No hay día que no me encuentre a alguien que me reconozca y me diga algo que me llena de satisfacción.
-¿Qué consejo darías a las personas mayores que quieren retomar o empezar un proyecto creativo?
Yo no me atrevo a dar consejos, porque las personas somos tan diferentes… Hay abuelos a quien lo que les llena es cuidar a los nietos; otras personas mayores lo que quieren es apuntarse al Imserso y viajar… En cualquier caso, lo que hay que tener presente es que la edad no es un impedimento en absoluto para hacer lo que uno quiere.


