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Steve Smallman: “Por suerte, todavía conservo un sentido del humor muy infantil”

El reconocido autor e ilustrador británico Steve Smallman, creador de clásicos infantiles como La ovejita que vino a cenar, reflexiona sobre su trayectoria, su proceso creativo y el valor de las historias en la infancia. En esta conversación, nos habla de su nuevo libro Mi mamá es… un enano gruñón y comparte su visión sobre la relación con los lectores más jóvenes, la imaginación y el poder atemporal de los cuentos.

– Inicias una nueva etapa creativa con Mi mamá es… un enano gruñón (Beascoa). ¿Qué ha supuesto este nuevo proyecto para ti? ¿Y cuál fue el punto de partida de la historia?

Mi mamá es… un enano gruñón comenzó (como la mayoría de mis historias) con un dibujo en mi cuaderno: un pequeño dragón con una sola ala. Estaba completamente solo en el mundo y parecía un poco triste.

El personaje me gustó, pero decidí que no quería que fuera desgraciado. Quería que fuera optimista, feliz y alegre. Está decidido a encontrar a su mamá, pero es tan dulcemente ingenuo que le hace feliz creer que cualquiera que conoce podría ser su mamá (¡incluido un enano muy gruñón!).

– Echando la vista atrás a tu larga trayectoria como escritor e ilustrador, ¿cómo sientes que ha evolucionado tu forma de contar historias con los años?

Siempre he trabajado de manera intuitiva, más que siguiendo un formato o plan establecido, y eso realmente no ha cambiado con el tiempo.

Antes asumía que todo el mundo en la industria editorial sabía mejor que yo cómo debían ser mis libros. Pero, aunque sigo abierto a ideas y consejos, con la experiencia ahora siento la confianza suficiente para respaldar mis propias decisiones editoriales.

– Tienes una manera muy directa y honesta de conectar con los lectores jóvenes. ¿A qué crees que responden más los niños en tus historias?

Los niños sienten las emociones con mucha intensidad, tienen un fuerte sentido de lo que está bien y lo que está mal, y una enorme capacidad para divertirse.

Intento crear personajes con los que conecten emocionalmente, para que realmente se preocupen por ellos. Aunque a menudo hay una moraleja en mis historias, confío en que los niños la descubran por sí mismos, en lugar de decirles qué pensar o cómo sentirse. Intento añadir siempre un poco de humor, incluso cuando hay un mensaje serio. Por suerte, todavía conservo un sentido del humor muy infantil, ¡lo cual ayuda! Al final de una historia, quiero que el lector se sienta feliz, seguro y satisfecho.

La ovejita que vino a cenar se ha convertido en un clásico global. ¿Por qué crees que esta historia ha conectado tanto en todo el mundo?

Toca temas muy profundos, pero de una manera accesible para los niños y con mucho humor. Da la vuelta a las expectativas sobre cómo un lobo hambriento debería comportarse frente a un cordero vulnerable y apetecible, y al final demuestra que el amor realmente lo conquista todo.

– ¿Cómo influye tu relación personal con los niños —ya sean lectores, familiares o niños de tu entorno— en tus historias?

Mis relaciones con los niños influyen enormemente en mi escritura. Tengo cuatro hijos y tuve la suerte de poder pasar mucho tiempo con ellos cuando crecían. Mis recuerdos de cómo hablaban y actuaban, cómo sus emociones podían cambiar en un segundo y lo que les hacía reír. Todo eso alimenta mis historias.

Ahora tengo ocho nietos y el tiempo que paso con ellos ha ampliado aún más ese “tesoro” de experiencias. Además, cada año visito a cientos de niños en colegios y festivales, y es una forma maravillosa de comprobar si una historia funciona. Los niños son honestos y te dicen exactamente lo que piensan.

– En un mundo en el que los niños están cada vez más rodeados de pantallas, ¿qué papel crees que siguen teniendo los libros y la narración?

Hay una magia en las historias y en el acto de contar cuentos que nunca podrá ser reemplazada por una pantalla. Me encanta contar mis historias, ya sea en un momento de lectura compartida antes de dormir, con un solo niño acurrucado en pijama, o en una sala llena de personas de 2 a 92 años. En este mundo tan acelerado, es raro que alguien se detenga a escuchar, en directo, una buena historia bien contada. Y los adultos que comparten esa experiencia con los niños vuelven a sentir el asombro que tenían cuando eran pequeños.

– ¿Qué consejo darías a quienes sueñan con seguir siendo creativos, curiosos y activos durante toda su vida?

Mi consejo sería: ¡SIMPLEMENTE HAZLO! Escucha al niño de cinco años que aún vive dentro de ti (¡el mío me grita todo el tiempo!).

Mantén esa curiosidad infantil, ese sentido de asombro, y sé creativo como un niño: de forma instintiva y sin miedo.

Si es tu primera vez