Todos conocemos a Tomàs Molina como el hombre del tiempo de TV3, donde trabaja desde hace 36 años y es jefe de meteorología. Pero su pasión por el tiempo también se traslada a las aulas universitarias: es profesor de pronóstico meteorológico en la UB (dice que desde pequeño quería ser profesor), forma parte del consejo de administración del Servei Meteorològic de Catalunya, y está acabando el doctorado sobre comunicación del cambio climático.

-Hace más de 36 años que trabajas en el servicio de meteorología de TV3. ¿Recuerdas tu primer día delante de las cámaras?
Tenía 23 años y tuve que empezar un fin de semana con Jordi Ferrerons y Fina Brunet, que eran los conductores de los informativos. Recuerdo que estaba muy nervioso. Me cuesta ponerme nervioso y nunca me sudan las manos, pero aquel día tenía las manos empapadas, no sabía qué hacer con ellas, como gesticular delante de las cámaras… Pero como en aquella época hacía teatro y radio, me resultó más fácil superar los nervios.
– ¿Cómo ha cambiado tu trabajo en todos estos años?
Todo es radicalmente distinto. Los informativos han ido cambiando de decorado y ahora incorporan realidad aumentada. En la parte de meteo no hay nada. Antes había como un croma detrás y tú gesticulabas en el aire, pero ahora la imagen también incorpora elementos corpóreos y tienes que interactuar con ellos, haciendo un poco más de teatro en la presentación. Además, tenemos más cámaras que nos enfocan y hay que saber cómo dirigirse a ellas. Todo eso en lo que a la presentación respecta. En meteorología también ha cambiado todo mucho.
Pero lo más curioso es que estoy sentado sobre la misma baldosa que el primer día. No me he movido nunca de aquí. He hecho Espai Terra y otros programas, pero no he dejado de ser nunca el hombre del tiempo, de manera que llevo 36 años sobre la misma baldosa.
– ¿Cómo mantienes la ilusión?
Cada día tengo ganas de ir a esta baldosa. Me lo paso tan bien que no me ha resultado pesado. Yo soy positivo por naturaleza, pero no conozco hombres ni mujeres del tiempo a los que no les guste su trabajo. No creo que a ninguno de mis compañeros les pase algo distinto a mí. Es un trabajo repetitivo: cada día hay que hacer el pronóstico, los mapas del tiempo… Pero hay otra parte de reto: intelectual, en el análisis de datos, y periodístico, en encontrar las imágenes adecuadas y la manera de explicarlas. Meteorológicamente hablando, en Cataluña no pasa gran cosa, y hacer cada día una historia excitante cuando no pasa nada tiene una parte de creatividad. Todo el verano hace sol y calor, pero explicarlo cada día como una novedad es muy interesante.
Además, la televisión es una empresa muy potente y si alguien tiene una idea se puede convertir en realidad, de manera que yo he estado en la Antártida, he ido en un avión F-16… Solo me falta ir en un submarino, pero he viajado por todo el mundo y he conocido a gente interesantísima.
– Y estás acabando el doctorado… ¿Por qué ahora?
Espero presentarlo este junio o julio, con la idea de defenderlo en otoño. Toda mi vida he querido ser doctor, pero al acabar la carrera fracasé porque las ciencias físicas no son fáciles. Al entrar a trabajar en la televisión no hacía matemáticas al nivel que requiere un doctorado. Actualmente, la Escuela de Doctorado permite combinar tu formación con tu experiencia profesional. Como también soy periodista y he trabajado en comunicación toda mi vida, puedo juntar mis conocimientos como físico. Mi doctorado es sobre comunicación del cambio climático e incluye la acción y reacción de la sociedad. Así que aspectos como la controversia política o la desinformación interesada salen en el estudio de la comunicación del cambio climático.
– Eres un gran divulgador científico. ¿Cómo crees que se puede llegar a más gente?
Como meteorólogos damos comunicación científica, pero no queremos que la gente aprenda, sino que esté informada. Es decir, nadie es mejor que otro por saber más de una materia. Cada uno tiene sus intereses. En meteorología mostramos y explicamos los fenómenos para que se entiendan. Y con el cambio climático voy en esa dirección: hay que estar informado. Hacer comprensible el mensaje del pronóstico es un cambio que hemos hecho con los años en TV3 para que la audiencia lo entienda y lo recuerde.
-Compaginas la televisión con el trabajo de profesor universitario de pronóstico meteorológico. ¿Cuál de tus facetas te gusta más?
Cuando era pequeño siempre decía que quería ser profesor. Estudié Física para poder enseñar matemáticas, física o química. Pero después entré a la tele cuando estaba en cuarto curso y todo cambió. De todas maneras, hace 23 años que soy profesor y me gusta mucho porque me obliga a mantenerme actualizado y, además, estar con universitarios es muy estimulante.
Mis clases son muy participativas porque, en meteorología, cuando hacemos un pronóstico decidimos el futuro, pero el futuro no lo conoce nadie, de manera que lo hablamos entre todos y aprendemos y mejoramos. Cuando llego a clase estudio los mapas igual que los alumnos y vamos saliendo todos a la pizarra a hacer nuestro pronóstico, yo también. Trato a los alumnos de igual a igual y tengo bastante relación con ellos, de manera que me siento más conectado a la realidad de los jóvenes.
-Eres una persona muy conocida en Cataluña. ¿Cómo lo llevas?
Llevo más años siendo conocido que no siéndolo. Desde los 16 años, empecé a participar en un grupo de animación infantil y colaboraba en la radio. Por lo tanto, toda mi vida me han mirado. Estoy acostumbrado.
Por otro lado, recuerdo que cuando llegué a TV3 Antoni Castejón me dijo: “En este trabajó te adularán, pero nunca te fíes porque nosotros somos trabajadores normales y corrientes, no nos lo merecemos”. Y desde entonces siempre me digo: “Molina, no te lo mereces”. Porque te acostumbras a que te hagan la pelota y el día que no te pasa, te sorprende. Y tienes que ir haciendo todo el rato un ejercicio de humildad.
-¿Qué puedes explicarnos sobre el cambio climático en clave positiva? Porque tú explicas que viene un mundo distinto, pero que también comporta nuevas oportunidades.
Evidentemente, el mundo será diferente. Pero la ansiedad que estamos provocando a los jóvenes dándoles mensajes negativos sobre el futuro que no son verdades es un error. De aquí a 5.000 millones de años el Sol destruirá la Tierra, eso sí que será el fin del mundo. Ahora bien, que haga más calor o llueva menos no es el fin del mundo.
El primer informe del cambio climático fue en 1990 y, por lo tanto, es un tema nuevo. Hemos ido aprendiendo cosas, pero se ha hecho poco porque desconocíamos el fenómeno. Los cambios que debemos hacer como humanidad son grandes, pero no es el fin del mundo. Intentemos que estos cambios sean los menos posibles y aprovechemos las oportunidades.
-¿En qué aspectos debemos ponernos las pilas?
Debemos ponernos las pilas en reducir las emisiones de dióxido de carbono, que causan el efecto invernadero, y nuestra interacción con el mundo para reducir su impacto. Son las dos cosas que debemos meternos en la cabeza. Eso pasa por más energías verdes y también por hacer renuncias. No hay más remedio.
Ahora somos 8.000 millones de personas en el mundo. Nos hemos multiplicado por dos. La gente quiere una casa y calefacción y luz… Vivimos de una manera confortable y todo eso tiene un resultado. Pero hay que mirar la realidad, no vale hacer trampas.


